¿Por un voto aconfesional?

diciembre 14, 2006

voto.gifJosé María Prieto, vecino de Pozuelo de Alarcón, presentó ayer una denuncia contra la mesa electoral en la que le correspondía votar. Al parecer la causa de todo no es otra que la vestimenta del presidente de esta: un sacerdote ataviado con alzacuellos y crucifijo.

Ciertamente es muy triste que esto suceda en nuestro país. Jamás hubiera imaginado que la forma de vestir de determinadas personas pudiera influir en el voto de tantos ciudadanos. Quizá lo mejor sea imponer un uniforme para que todos los luzcamos el día de las elecciones. De esta manera no existiría ningún problema de coacción de la libertad de elección ajena.
¿Y qué me dicen del mal gusto del presidente de la mesa? De negro y con un inmenso collar. Salta a la vista que está completamente al margen de la moda y del buen gusto que queremos imponer a los habitantes de este país. Si quiere vestir de esa manera que lo haga en su casa -¿no?- pero que no atente contra la libertad de los demás.
Si se les libera de sus responsabilidades civiles se les tacha de privilegiados, y si se les obliga a cumplirlas tampoco quedamos contentos porque el Estado debe ser aconfesional. Tienen toda la razón, –lo escribo con mayúsculas- Estado Aconfesional, que no ateo. Usted sea lo que quiera, pero a ese pobre sacerdote que cumple con sus deberes de ciudadano déjele vivir en paz su fe. En definitiva: por favor, no imponga el ateísmo como religión oficial del Estado.

Anuncios

images.jpgFueron muchos los que tras la elección de Dancausa pedían a gritos la cabeza de los dos diputados rebeldes. No eran menos los que desde ayer exigían la dimisión de Rafael Simancas; tranquilos, no debe faltar mucho. Y hoy nos despertaba un leve murmullo que ha crecido hasta convertirse en clamor; algo así como “Zapa…, Zapate…, ¡Zapatero!”.

Si, algunos dentro del PSOE se atreven a cuestionar el liderazgo del que, por lo menos hasta esta semana, era el “triunfador” del 25M. Vencedor de las elecciones simplemente por haber arrebatado al PP la Comunidad de Madrid; aunque posteriormente se la entregará en bandeja de plata a Llamazares. Quizá esa alianza-chantaje y el posterior descalabro en el parlamento de la capital -denominada “puente hacia la Moncloa”- hallan sido las causas del hundimiento del líder socialista.

Los grandes gurus autonómicos y la vieja guardia, que nunca ha dejado de estar ahí, parecen haber despertado con el terremoto. Quién sabe, tal vez fueran ellos los que lo provocaron o los que empujaron a Zapatero al abismo. ¿Abismo? Si, al precipicio de convertir unas autonómicas en generales y de basar los resultados electorales en una política pancartera y oportunista. En definitiva, a un desgaste continuo que parece pedir a gritos “¡que pase el siguiente!”.

Lo cierto es que para la democracia no es bueno que el segundo grupo político del país atraviese situaciones como esta. Todavía no sabemos con certeza lo que sucede en la médula del partido de la oposición Pero el silencio de Zapatero contrasta con el espectáculo al que asistimos – la rabieta de Simancas, el auge de Bono y la vieja guardia asomando los cuernos-. Esto puede darnos algunas pistas.

Es curioso, hace pocas semanas nos preguntábamos quién sería el sucesor de Aznar. Tal vez a partir de ahora deberíamos empezar a plantearnos quién sustituirá a Zapatero y si vendrá de la Mancha como el Quijote.

images1.jpgEstamos a las puertas. Ha llegado el gran momento: la campaña electoral va a dar comienzo.

Nos esperan días monotemáticos con slogans, mitines y demás propaganda. Tardes en las que los coches-megafonía no pararán sonar mientras desde sus ventanillas se arrojan octavillas a unas grandes avenidas llenas de carteles con las caras de los unos y de los otros.

En definitiva, los políticos van a invadir nuestra vida y se van a meter en nuestras casas –en las de todos. Vayan preparándose.

ZP es el nuevo proyecto del PSOE, dos letras que pretenden convencernos a los españoles de que con un Zapatero Presidente –ZP- nuestro país va a ir mejor.

Al más puro estilo USA -dejándo de lado la polémica portada de La Razón (cada uno tiene su estilo, aunque mejor es eso que no tenerlo)- se nos presenta al gran hombre. Peculiar esa campaña a la que no estamos acostumbrados en España salvo para los anuncios de detergente. Quién sabe ¿acabaremos con el “ponga un Mariano en su vida”? Espero que no.

Y después de todo, a pesar de las numerosas críticas que el slogan ha recibido, tiene toda la razón. Un 10 para Zapatero, porque realmente –cito textualmente- “España se merece algo mejor”.

Nos merecemos una oposición seria y fuerte que controle al Gobierno, una alternativa al Partido Popular que nos permita elegir entre dos o más proyectos de futuro, que no nos obligue a otorgar mayorías absolutas porque no queda otra opción.

En fin, España se merece un PSOE mejor que el de ZP.

images2.jpgAntoine de Saint-Exupery, literato francés creador del entrañable Principito, solía decir que para salir de la vacuidad que sume a los hombres en la soledad, es preciso recurrir a la amistad, al amor, al don de sí.

Esto fue precisamente lo que descubrió el vietnamita Nguyen Viet Chung cuando, al terminar la carrera de medicina, empezó a desempeñar su labor como doctor entre los leprosos de un hospital de Ho Chi Minh. Hoy, diez años después, el doctor Chung reconoce el gran bien que le ha hecho el servicio a los más necesitados.

Su forma de entender la vida cambio paulatinamente con el ejemplo diario de las religiosas de San Vicente de Pául, dedicadas por entero al cuidado de esos pacientes. “Comprendí” afirma el doctor Chung “que ejerciendo la medicina podía curar las heridas de los enfermos, pero ¿cómo curar la soledad y el sentido de abandono que experimentaban? Pues bien, aquellas mujeres lo conseguían”.

Pronto descubrió que el secreto de esas enfermeras no era otro que su amor a Dios y a los demás. Cualquiera de ellas podría haberse expresado como lo hizo la Madre Teresa de Calcuta ante una periodista occidental que le confesaba su incapacidad para dedicarse a los más pobres “…ni por todo el oro del mundo”; “Por dinero nosotras tampoco” le respondió “lo hacemos por Jesucristo”.

Como le dijo el Principito a Antoine: “Lo importante no se ve”. Ciertamente ese amor y esa solidaridad se habían clavado en el corazón de nuestro protagonista oriental sin que este apenas lo percibiera. La labor escondida del hospital fue acercando al doctor Chung más y más a Cristo, al que percibía tras el sufrimiento de los leprosos. Esto le ayudó a verles como otros crucificados, a tratarles con mucho cariño y a interesarse por la salud de sus corazones, por las miles de pequeñas cosas que a esos pobres hombres les preocupaban.

Comenzó a aprender la doctrina cristiana, lo cual le ayudó a desempeñar su labor médica de una modo más humano. Y finalmente, tras años al servicio de los demás, el doctor Chung fue bautizado.

Ahora; tras desechar ofertas de otros centros médicos de más prestigio, en los que sus honorarios habrían aumentado notablemente; atiende a los enfermos terminales de SIDA en otro hospital de la capital vietnamita. Tal vez la causa de su decisión haya sido el descubrimiento de la Felicidad en el don de sí a los demás por amor.

images3.jpgDurante las últimas décadas la televisión ha sido la reina del ocio para los más jóvenes. A ella dedicaban, a pesar de la alarma social, numerosas horas. Sin embargo todo eso se está acabando. Esta es la conclusión del estudio realizado por Nielsen, en el que se afirma que los videojuegos e internet le están ganando la partida a la “caja tonta”.

¿Las causas? Como casi siempre suelen ser muchas y muy diversas. No obstante me gustaría resaltar una: la interactividad. Lo cierto es que la televisión sólo ofrece pasividad, sentarte frente a ella y contemplar sin esperar nada más. Esa es una forma cómoda de pasar el tiempo, pero coincidirán conmigo en que a la larga se convierte en algo tedioso. Por el contrario los otros medios –véase internet, el móvil o las consolas- permiten al consumidor divertirse de forma activa. A esto hay que añadirle las mismas o mayores prestaciones que, en cuanto a comodidad, acceso y sencillez de uso, posee su competidora.

La explicación de por qué este cambio no ha sido detectado hasta ahora es bien sencilla: se trata de un fenómeno relacionado principalmente con los jóvenes. Va acoplado a las nuevas generaciones, por eso, en la medida en la que estas llegan a la edad adulta, se hace cada vez más patente.

¿A dónde nos llevará esta transformación? Esa es una pregunta tan interesante como difícil de responder. Sin embargo por el momento vivimos en un mundo en el que predomina el uso simultáneo de estos medios. Y por esa razón parece que, salvo una unificación de todos estos productos, la diversificación de los mismos se mantendrá. Por lo tanto, creo que podemos decir adiós al reinado de la televisión para celebrar la llegada de los nuevos Reinos Taifas.

images4.jpgDesde la muerte del joven tetrapléjico francés Vicent Humbert hace pocas semanas, el debate está en la calle: ¿Debería legalizarse la eutanasia?. Esta es una cuestión compleja que no se responde con un simple si o un simple no. Es, como todo lo que atañe al ser humano, un tema que requiere mucha reflexión y, si es posible, intentar introducirse en la piel de los protagonistas. Por eso, me sorprende que se opine con tanta ligereza sobre cosas tan importantes como la vida o la felicidad de la persona.

¿Qué pensaría yo si a mis diecinueve años me quedase de pronto y para toda la vida en una cama, sintiéndome inútil y siendo un estorbo para los que me cuidan? ¿Desearía que legalizaran la eutanasia? No voy a ser hipócrita diciendo que no. Así que lo mejor será declarar que lo ignoro. No puedo responder porque soy consciente –por lo menos en la lejanía- de que eso es algo tan duro que no se si sería capaz de soportarlo.

Sin embargo, aún en las situaciones de máximo sufrimiento, en los momentos en los que uno se siente inútil o con la sensación de que no debería estar en este mundo, tiene que existir una esperanza. Una ilusión que nos empuje a seguir viviendo.

No pretendo juzgar desde mi grato sillón, del cual puedo levantarme cuando me plazca, a aquellos que no pueden moverse de su incómoda banqueta. Eso ya lo han hecho muchos, bien sea desde la cátedra innoble de la sensiblería irracional o desde una visión inhumana y dura del moralismo.

Lo único que intento demostrar, sin tratar de esconder su dosis de amargura, es que esas vidas tienen un sentido. Más hondo quizá que el de muchos de los que andamos correteando por ahí.

Son ellos los que nos sacan por momentos de este mundo frívolo en el que estamos sumergidos para mostrarnos la realidad de la vida. Son ellos los que despiertan en nosotros la piedad y la ternura en su grado más humano. Y, si ser destellos de todo esto pudiera parecer poco, todavía nos quedaría ese amor que los une a sus seres queridos y a los que les cuidan ¿Hay algo más importante en la vida que el amor? ¿Existe una razón más grande para vivir?

1.jpgÚltimamente corren ríos de tinta en la prensa sobre la prohibición de los símbolos religiosos en las escuelas francesas. Y la verdad, en unas fechas tan señaladas en las que se suele hablar del niño Jesús, de los Reyes o del consumismo reinante, sorprende que la decisión del ejecutivo francés se esté llevando todo el protagonismo en lo que a esta materia se refiere.

Lo cierto es que muchos se han apresurado a exigir que se tomen las mismas mediadas en nuestro país. A pesar de que ya hace unos añitos que se descolgaron los crucifijos de las aulas públicas. Para defender esta postura señalan que la religión ha de ser algo íntimo de cada persona. Vamos, que les molesta que otros exhiban su fe porque va contra su libertad de conciencia.

Para empezar tendrían que definirnos su concepto de intimidad. Yo, por mi parte, considero que mi cuerpo es algo de lo más íntimo que poseo. Por lo tanto, no entiendo porque no me dejan lucir mi velo o mi crucifijo en esa intimidad mientras a otros les permiten enseñarla sin ningún pudor. Mi cuerpo es mío, no de la libertad de conciencia de los otros. Si molesta lo siento muchísimo, les pido mil perdones. A mi tampoco me gustan las viejas con verrugas y me aguanto porque también ellas tienen derecho a vivir y a tener verrugas.

Sin embargo, todo lo dicho anteriormente carece de sentido. Y no tiene sentido porque es imposible reducir la religión a la intimidad. Un creyente tiene fe en clase, en su trabajo, por la calle o en su casa. Por esa razón, pretender reducirla a cuatro paredes o a un templo es algo absurdo y falto de coherencia. Si a todo esto añadimos que la religión no es solo una creencia, sino una forma de vida –una filosofía- que empapa todos los ámbitos y actuaciones de la existencia de una persona, dónde queda la intimidad… En fin, solo quiero que dejen creer a cada uno creer en lo que quiera, que no intenten imponer dogmas ateos.